Este inconfundible perro de origen chino podría haber llegado a Occidente de la mano de los mercaderes portugueses a principios del siglo XVI. Gozó de mucha popularidad sobre todo en Holanda, donde se convirtió en la mascota oficial de la Casa de Orange antes de ponerse de moda en otras muchas cortes reales del resto de Europa. Al parecer, Josefina, la esposa de Napoleón, tenía un carlino, al igual que Enrique II de Francia, María Antonieta, el artista William Hogarth y Guillermo III y la reina María, quienes se dice que dieron a conocer la raza en Gran Bretaña. La máxima fama la tuvo durante el reinado de la reina Victoria, y no solo entre los miembros de la realeza. Leal, cariñoso y juguetón, el carlino es un compañero excelente que aprende deprisa y a veces ejerce de perro amaestrado.